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Flandria - Lujan: No fue el clásico del Oeste, fue una película del Oeste
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No
hay comentarios para calificar todo lo sucedido el sábado 11 de octubre de
1997 en las inmediaciones y en el mismísimo estadio Carlos V de Jáuregui.
Nunca se vio algo así (en 39 años de historia del clásico). El partido que
iban a disputar Flandria v.s. Lujan había sido calificado por el Comité de
Seguridad de “Alto Riesgo”. Por lo tanto la secretaria de deportes mandó un
radiograma a la Policía Bonaerense para disponer refuerzos desde la ciudad de
La Plata.
La
nota (el radiograma) decía que los efectivos debían acudir a la localidad de Jáuregui,
pero... no se sabe como, los efectivos policiales se fueron a Lomas de Zamora.
Alejandro Sabino, juez del encuentro, cuando observo la poca cantidad de
miembros uniformados que había para cubrir la seguridad del encuentro, a las
14:00 horas comenzó con su
interpretación de que “lo suspendo..., no lo suspendo”. En ese mismo
instante Carlos Escuarchi (vicepresidente de Flandria), conociendo la situación
y previendo lo que podía suceder si llegaban al Carlos V las dos hinchadas, le
pide al juez del partido que lo suspenda en ese momento, recibiendo la respuesta
de uno de los asistentes, que “primero tráigame los documentos, hacemos la
planilla de juego y luego vemos”. Esta operación se alargó 50 minutos ,
resolviéndose la suspensión del partido cuando ya había hinchas de Flandria
ingresando al estadio, otros esperando en las afueras del mismo, y la hinchada
de Lujan (4 camiones y caravana de autos que fueron detenidos por efectivos
policiales en el camino nuevo que une Pueblo Nuevo con Lujan, denominado Fray
Manuel de Torres) que “estaba ansiosa” esperando a un par de kilómetros de
la cancha.
Cuando
ya se sabia de la suspensión del encuentro, (15:15 a 15:25 horas), los camiones
y la caravana de autos que llevavan hinchas de “La Banda” fueron
interceptados y detenidos en las inmediaciones de la fabrica de helados
“Massera”, comunicando la decisión del juez. La hinchada Lujanense hizo caso
omiso a la comunicación de los policías, “estos” no pudieron detener él
paso de los simpatizantes, y el camino hacia Jáuregui seguía su desarrollo,
pero ahora a pie. Mientras tanto, los hinchas de Flandria comenzaron a volver a
sus pagos, y algunos de ellos, fueron a esperar a sus “rivales” en las
cercanías de las entradas a Pueblo Nuevo (calles Fray Manuel de Torres, cerca
de las arterias 8 de Diciembre y Tropero Moreira). Un grupo minúsculo de
personas que viven en la localidad de Cortines, confesos hinchas de Lujan, se
enfrentaron a golpes de puños y palos, con hinchas de Flandria, en la
intersección de las calles Santa Elena y Fray Manuel de Torres. En esos
instantes, un vecino de Jáuregui (Avenida Flandes e Hilanderos), de nombre Raúl
Fuentes, alias “El Sapo”, conducía un Renault 12 de color azul por la calle
Fray Manuel de Torres, cuando fue interceptado por hinchas Canarios, que primero
confundieron al conductor con un hincha de Lujan, pero luego algunos lograron reconocer a
Fuentes. Éste que venia haciendo zigzag por el camino, a alta velocidad (muchos
comentaron que se asusto por los disturbios), no frenó cuando vio al simpatizante de
Flandria, Alejandro el “Negro” González, de 22 años de edad, que pareciera
quiso evitar el choque, saltando sobre el auto, pero no alcanzó a efectuar la
acción, siendo atropellado por Fuentes, volando varios metros por el aire y
cayendo sobre el asfalto, con traumatismo de cráneo y varios hematomas en su
cuerpo. Ahí comenzó a invadir el nerviosismo y la locura a los hinchas de
Flandria presentes en el lugar de los hechos, que mientras, querían atender y
veían a “su amigo” tirado en la calle, comenzaron a golpear al coche de
Fuentes, dando vuelta al vehículo, mientras que el conductor, luego de recibir
algunos golpes, se escapaba del lugar.
González
fue trasladado luego al Hospital de Lujan, para ser derivado a una clínica de
Merlo, donde se le hizo una tomografía computada, para luego ser ya internado
definitivamente en el Hospital Interzonal “Vicente Lopez”de General Rodríguez,
donde fue operado de urgencia en la noche del sábado. El motivo de la operación fue para descomprimirle el
cerebro, pero lamentablemente era muy difícil que volviera a funcionar bien.
Aproximadamente a la 1:00 hora del lunes 13, se apagó la joven vida de González,
luego de debatirse durante 33 horas aproximadamente.
Pero
esto no termino ahí. Mientras simpatizantes de Lujan se encontraban parados en
la calle Fray Manuel de Torres, entre Las Tipas y Tropero Moreira, hinchas de
Flandria insultaban y buscaban la atención de sus rivales, éstos, pasados por
el alcohol y las drogas, fueron traspasando el cordón policial acercándose
hacia el Carlos V, mientras hinchas de Flandria comenzaron a dispersarse en el
lugar, otros se escapaban por la calle Santa Elena rumbo al barrio “La
Ranita”, y los que podían se refugiaban en los vestuarios del estadio. La
amplia superioridad numérica de los hinchas de Lujan obligaron a dispersar rápidamente
a los de Flandria. Los mas exaltados hinchas de Lujan, “armados hasta los
dientes”, ingresaron por el Circulo Criollo Martín Fierro en dirección al
estadio arrasando bicicletas, vidrios, alambrados, motos, todo lo que hubiera en
su paso y golpeando a quien se les cruzara, mientras Omar Santorelli, entrenador
de Flandria, “El Negro” Raveró, dirigentes de Flandria y algunos jugadores
Canarios, trataban de hacer una valla humana para que los desaforados hinchas no
ingresaran a los vestuarios, donde había además del plantel de Flandria,
familiares, mujeres, niños, periodistas, dirigentes e hinchas Canarios. Un
policía desde el interior del vestuario (luego de ser destrozado a palazos y
piedrazos) efectuó varios disparos al aire y logró dispersar a los revoltosos.
Cuando todo parecia calmarse, una nueva arremetida de la Barra de Lujan obligó a
los jugadores Walter Diaz y Marcos Dotta a exigirle a un oficial que disparara
nuevamente. El panorama era desolador, todo estaba destruido. Toda esta
pesadilla duró aproximadamente entre 15 y 20 minutos, cuando uniformados (donde
estuvieron durante todo el tiempo que los hinchas de Lujan hacían a diestra y
siniestra todo lo que se les antojaba en el lugar), a puros disparos, comenzaron
a dispersar (junto con los refuerzos que habían llegado desde la comisaría
1ra de Lujan) a los inadaptados del estadio, arrojando un saldo de 28
detenciones, 18 mayores (13 hombre y 5 mujeres) y 10 menores de edad. Los demás,
pudieron escabullirse entre los bosques y arboledas aledañas. Hubo un total de
20 heridos y dos simpatizantes de Flandria tuvieron que ser hospitalizados.
Flandria no para de correr

